Con motivo de la jornada de puertas abiertas de la Escuela de Arte “León Ortega” tuvimos una serie de actividades extraescolares como el taller de cianotipia (del que escribiré una entrada) y la sesión de cosplay en uno de los estudios de fotografía de la escuela (había muchas actividades más, pero eran de otros ciclos o grados a los que creo que no teníamos acceso los que cursamos fotografía). Para los que no lo sepan, “cosplay” es una especie de moda representativa, donde los participantes, también llamados cosplayers, usan disfraces, accesorios y trajes que representan un personaje específico o una idea (¡gracias Wikipedia!).
A decir verdad, la cultura cosplay me pilla un poco lejos, lo que conocía era por amigos que se disfrazan para algún evento como el Salón Manga que se celebra en algunas ciudades o pueblos. Impresionado me quedé, y es que los cosplayers se lo curran, y mucho.
Cuando llegamos los compañeros y yo al estudio ya había gente que se había ofrecido para la sesión de fotos vestida de sus personajes favoritos de cómic, videojuegos o películas. No son disfraces a lo Carnaval de Cádiz, hechos algunos para salir de fiesta y pasarlo bien… ¡estaban increíblemente trabajados y les habían dedicado mucho tiempo, esfuerzo y dinero! Eran totalmente fieles a los personajes que representaban.
De entre todos los personajes que había (aquello parecía un batiburrillo de personalidades propio de la pantalla de selección de personajes del mítico juego Fighters Megamix de la Sega Saturn), el que más me llamó la atención fue Sub-Zero, archiconocido ninja de la saga Mortal Kombat a la que tanto jugué en mis tiempos mozos. Lo mejor de todo: ¡era un personaje masculino encarnado por una chica!
La sesión de fotos fue un poco estresante, éramos muchos estudiantes y no teníamos demasiado tiempo para fotografiar, teníamos que ir rotando con cada cosplayer. Yo conté con la ayuda de un antiguo alumno de la escuela, ya profesional y experto en fotografía llamado con el pseudónimo “Tony B Ray”.

 

Desde el primer momento tuve claro que quería hacer una fotografía que me permitiese realizar un montaje posterior en el que pudiese recrear los poderes del ninja (que al llamarse Sub-Zero se entiende que tiene que ver con el hielo), así que tuve que dirigir a la modelo para que tuviese exactamente la pose que recordaba del personaje de videojuego antes de usar sus poderes. Aquí muestro el antes y el después de la fotografía, de la que me siento bastante contento con el resultado.